Empieza por obtener NIE si lo necesitas, empadronarte y solicitar certificado digital para operar online con comodidad. Luego elige el epígrafe IAE adecuado y presenta el modelo 036 o 037 en Hacienda, inscribiéndote en el censo y, si procede, en el ROI para operaciones intracomunitarias. Da el alta en el RETA, selecciona mutua colaboradora y confirma tu base conforme a ingresos estimados. Documenta todo desde el primer día: será tu salvavidas frente a dudas, inspecciones y olvidos costosos.
Emite facturas completas con número, fecha, descripción de servicios, base imponible, tipo de IVA aplicable y, cuando proceda, retención de IRPF. Presenta el modelo 303 de IVA trimestral, el 130 de pagos fraccionados de IRPF en estimación directa, y el 349 si prestas servicios intracomunitarios con inversión del sujeto pasivo. Controla plazos y provisiones de tesorería para no sufrir sobresaltos. Una plantilla clara, más conciliaciones mensuales, te permitirá dormir tranquilo y decidir con datos.
Registra gastos afectos a la actividad con criterio: coworking, software, equipos, suministros parcialmente prorrateados si trabajas desde casa, formación y desplazamientos necesarios. Evita mezclar cuentas personales y profesionales para no perder deducibilidad. Documenta con facturas válidas, no simples tickets. Revisa límites de amortización y guarda contratos de servicios. Pregunta por bonificaciones autonómicas y tarifa reducida inicial si cumples requisitos. Los errores más caros nacen del desorden: hoja de ruta mensual y asesoría valen cada euro.
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